¿Por qué el alcohólico no quiere dejar de beber?

mayo 15th, 2012

Una de las principales dificultades que nos encontramos ante la enfermedad del alcoholismo es que la persona afectada no tenga un deseo firme de dejar de consumir.

Aunque existen muchos factores implicados, los principales motivos de esta postura, a pesar de tener continuas consecuencias y cada vez más graves, son por una parte, la no conciencia de enfermedad y por otra, el desconocimiento de lo que ésta representa en su vida.

Cuando el paciente tiene una verdadera conciencia de que tiene una enfermedad tiene más probabilidades de querer ponerse en manos de profesionales para iniciar un tratamiento.

Otra dificultad es la idea firme de que sin alcohol no va a poder funcionar, no va a poder afrontar sus problemas, a pesar de que el alcohol no le ha solucionado ninguno de ellos, sino todo lo contrario, ha sumado problemática a su vida y a los de su alrededor.

Otra realidad que nos encontramos, son personas alcohólicas que piensan no tener ya nada que ganar o perder en su vida, lo que refuerza la postura de no querer dejar de consumir; también por circunstancias personales de soledad en la que sus personas más allegadas ya no quieren hacerse cargo de la persona alcohólica, o por todo lo contrario, por actitudes permisivas de sus familiares que ayudan a perpetuar el consumo.

Por último, recordar que es una enfermedad crónica donde una de sus características principales es la conducta autodestructiva del alcohólico y sus muestras de indiferencia ante su futuro. De ahí que se dé una importancia fundamental a la conciencia de enfermedad, porque así será más fácil que surjan deseos de recuperación y una más fuerte adhesión al tratamiento.

Es en éste punto donde se concede especial importancia al trabajo con profesionales especializados en este ámbito y con la ayuda, como siempre, de los familiares más cercanos a la persona afectada.

Marga Bestard Albertí
Psicóloga CT Madrid

Yo también evado, ¿soy adicto a todo?

diciembre 19th, 2011

Cuando explicamos las características de la adicción enfocamos la enfermedad como una dificultad a la hora de enfrentar los problemas de la vida. Esa dificultad no se asume, sino que se intenta evadir por todos los medios. La esencia de la adicción, no sería pues la sustancia, sino el uso que se hace de ella para evitar enfrentarse a cualquier dificultad.  Teniendo en cuenta esto, no podemos diferenciar tipos de adicciones, ya que la adicción es solo una, aunque se pueda manifestar a través de varias formas, entre ellas consumo de sustancias, consumo de relaciones, actividades, etc.

El paciente adicto, muchas veces se refugia, en sus intervenciones en grupo, en que su consumo no fue igual que el de sus compañeros, no fue la misma sustancia, no fue el mismo uso de ella…esto, no obstante, es un ejemplo más de cómo evita a toda costa centrarse en sí mismo, en lo que está sintiendo, en cómo resolver de forma sana la dificultad que tiene delante o en la responsabilidad que tiene en todo lo que le ocurre.

Ahora bien, ¿todo el que evade es adicto? NO. Adicta es la persona que utiliza la evasión para no enfrentar NINGÚN problema, ya que todos, por pequeños que sean, le superan.

Evadir situaciones, en momentos puntuales, es un acto normal que toda persona realiza alguna vez, la anormalidad llega cuando esas situaciones no se llegan a enfrentar nunca y se busca cualquier excusa para poder mantener ese no enfrentarse del que hablamos.

Por otro lado, existen muchas patologías en las que se ve afectado el manejo sano de las emociones, eso no quiere decir que toda persona con una patología emocional sea adicta. Para poder diferenciar éstas de la adicción debemos centrar nuestra atención en el mecanismo evitativo de todo tipo de dificultad y en el manejo, antes citado, que se utiliza para no enfrentar dichos problemas.

Mónica Domingo Martínez
Psicóloga CTMadrid

Tengo un adicto en casa, ¿qué puedo hacer?

noviembre 8th, 2011

adiccion.jpgCuando un familiar se da cuenta de que a su lado tiene a alguien con un problema de drogas se siente abrumado y empieza a idear innumerables estrategias para ayudar al adicto a salir del lío en el que se ha metido.

Sermonearle sobre los inconvenientes del consumo, tirarle cualquier tipo de resto de drogas que encuentra, discutir, reprocharle, amenazarle, castigarle, enfadarse, vigilarle y buscar la droga escondida, son ejemplos de esas tácticas que suelen utilizarse y, en vista de los nulos resultados, les desborda la impotencia. Pero, ¿por qué todo esto no funciona? ¿Por qué es un egoísta? ¿Por qué no le importo? ¿Por qué es un descarado? NO. Eso no funciona por su falta de conciencia de enfermedad.

Este factor ocasiona que la mayoría de ellos se nieguen a recibir ayuda, que hayan iniciado algún tratamiento en alguna ocasión pero lo hayan terminado dejando o, que expresen que ellos saben lo que hacen, que no necesitan ayuda porque si quieren dejarlo ellos solos pueden, pero por supuesto, esto último nunca sucede, es más, el consumo se mantiene y se intensifica si la familia o las personas más allegadas están dispuestas a aguantar más la misma situación, a costear y mantener al adicto, suministrándole casa, ropa y comida, y aportándole además dinero para sus gastos, entre los que por supuesto se incluye el consumo. Pero sólo cuando los familiares e incluso los amigos establecen un acuerdo para no ayudarlo si no empieza un tratamiento, cuando la familia decide establecer ciertas normas, demostrándole al adicto que no están dispuestos a tenerlo en casa ni a permitir o financiar sus consumos, se termina cerrando ese círculo tan perjudicial para el adicto y es cuando éste decide ingresar en una terapia.

A veces los familiares temen que si no dan al adicto lo que quiere o no lo tienen en casa se puede producir un aumento del consumo o pueden “echarlo a perder”, pero se debe de tener en cuenta que para ellos estar en la calle no supone un gran problema ya que durante sus períodos de consumo lo han hecho al menos en alguna ocasión, por lo que entonces no se trata únicamente de dejarlo en la calle, si no de no recibir ningún tipo de apoyo, ya que lo que nos ha demostrado nuestra experiencia es que normalmente los adictos, ante la falta de apoyo, reclaman ayuda. Que el familiar no haga nada por impedir que un problema gordo suceda puede ser decisivo. Una crisis, como puede ser el perder el trabajo, romper una familia, provocar un accidente o ser arrestado, puede ser el detonante de la recuperación. Permitir al adicto “tocar fondo” es lo que necesita para darse cuenta de la gravedad de su situación y de esta manera, convencerlo de su necesidad de ayuda. Como dice el refrán, “no hay mal que por bien no venga”.

Clara Molero Caracuel
Psicóloga de CT Madrid

El cuerpo como indicador emocional

septiembre 21st, 2011

cuerpo_emocional.jpgEl mundo actual, tanto para adictos como para no adictos, está más influido por la razón que por la emoción.  El estilo de vida de la sociedad occidental hace que permitirse expresar emociones se constituya en un “riesgo para la supervivencia” social y laboral de la persona, algo que nos hace “vulnerables”.  No obstante, ocultar  lo que se está sintiendo es un riesgo, un riesgo que acerca a la persona adicta a la recaída.

 Dedicamos horas y horas en los grupos terapéuticos a que el paciente sea capaz de verbalizar cómo se está sintiendo, cuáles son las emociones que le cuesta reconocer o que, muchas veces, intenta directamente ocultar a los demás y/o así mismo. Nuestro trabajo como expertos en adicciones consiste en movilizar y facilitar en el paciente el inicio de un proceso de aprendizaje en el cual esas emociones sean tratadas con normalidad y manejadas de forma sana.

 Una forma de reducir las resistencias del paciente a sentir esas emociones que muchas veces dan tanto “miedo” es a través del cuerpo. Cuerpo y emoción están directamente relacionados, si trabajamos a través de él  podemos eliminar barreras y favorecer  que el paciente identifique eso que siente de una forma más “sencilla”. En este sentido el empleo de herramientas como las que nos facilitan algunas de las corrientes humanistas dentro de la psicología pueden sernos de gran utilidad, herramientas de la psicología bioenergética o del psicodrama, por ejemplo, las cuales incorporan el movimiento dentro del proceso terapéutico, pueden ser un recurso interesante para el trabajo en adicciones.

Mirémonos corporalmente para ayudarnos a reconocer cómo nos estamos sintiendo.

 Mónica Domingo Martínez - Psicóloga CTMadrid

Conducta familiar ante el alcohol

agosto 23rd, 2011

Conducta familiar ante el alcoholEn numerosas ocasiones pedimos a nuestros hijos que tengan una actitud responsable ante el alcohol y las drogas cuando nosotros, como padres, no la tenemos.

Por eso, sería importante recordar una serie de pautas a seguir que pueden ayudar a que nuestros hijos no terminen desarrollando una adicción al alcohol y a las drogas.

1- La primera de ellas sería regular el consumo de alcohol delante de nuestros hijos: consumo moderado, responsable y respetuoso.

2- Evitar normalizar consumos y respetar la ley (no facilitar bebidas alcohólicas a menores de edad, etc.)

3- Reducir riesgos cuando se consume (comer algo cuando se bebe).

4- Reconocer que puede dañarte el consumo. Evitar argumentos de tipo “me hace falta”, “de algo hay que morir”, “no soy persona si no me lo tomo”,…

5- Evitar por completo consumos de alcohol y tabaco en situaciones de riesgo (cuando el consumo de alcohol pueda comportar algún tipo de peligro. Por ejemplo, conducción de vehículos.

6- No ofrecer alcohol a pequeños aunque se esté en una celebración.

7- Mantener el botiquín poco accesible, bien cerrado y al día.

8- Evitar la automedicación, trasmitiendo prudencia en el consumo de medicinas y respeto al criterio médico

José Luis Martínez – Coordinador CTMadrid

Adicción y toma de decisiones

julio 5th, 2011

La adicción a las drogas constituye un fenómeno de gran complejidad que ha sido abordado desde múltiples aproximaciones dentro de la Psicología.

Factores de personalidad, alteraciones cognitivas, ejecutivas y emocionales, o procesos de influencia grupal han sido propuestos como posibles variables etiológicas y marcadores de vulnerabilidad del consumo de drogas, sin que ninguno de ellos por sí mismos, ni en conjunto, hayan conseguido explicar por completo los procesos adictivos. Una vez que el consumo ha perdido su capacidad reforzante en sí mismo,  aparece una  incapacidad para abandonar el consumo, a pesar de las múltiples consecuencias negativas.

Esta característica lo podemos relacionar con lo que las investigaciones llaman “procesos de toma de decisiones de los sujetos adictos”. Estos procesos de toma de decisiones tienen un papel crucial en el inicio y mantenimiento de los trastornos adictivos.

Los consumidores de drogas tienden a seleccionar de manera consistente la búsqueda y el consumo de sustancias a pesar del incremento de las consecuencias negativas asociadas al consumo a nivel personal, económico, familiar y social.

La adicción se caracteriza por una tendencia a seleccionar cursos de acción asociados a recompensas inmediatas, incluso cuando éstos conllevan la aparición de importantes consecuencias negativas en el futuro.

¿Qué existe más inmediato que “eliminar” un problema  o una preocupación consumiendo sustancias? He puesto la palabra “eliminar” entrecomillada ya que una vez se han pasado los efectos del consumo la persona adicta no solo se da cuenta que su problema no ha desaparecido, sino que se suman las consecuencias negativas del propio consumo.

 

Marga Bestard

Psicóloga CT Madrid

 

¿Cómo hablar de drogas con nuestros hijos?

junio 15th, 2011

Es en la adolescencia cuando más riesgo enfrentan nuestros hijos a la hora de decir NO al consumo de drogas. Lamentablemente, la oferta de sustancias psicoactivas que hoy en día invade nuestra sociedad nos obliga, como padres, a posicionarnos  ante este fenómeno.

En numerosas ocasiones nos hemos visto tentados a hablarles sobe tipos de drogas que pueden encontrar, efectos que pueden tener en la persona y en su vida y, por qué no, de la experiencia que con ellas algunos hemos tenido.

El problema de cómo saber llegar a nuestros hijos en este tema tan “espinoso”, nos hace buscar algunas estrategias que nos permitan, a través de un acercamiento, intentar hacer una labor de prevención.

Definitivamente, a la hora de abordar una conversación en tema de drogas con nuestros hijos deberemos mostrar una actitud clara y firme de rechazo al consumo, especialmente si nuestros hijos son menores de edad. Si nuestra actitud es permisiva, ellos lo percibirán rápidamente y se aferraran a ese argumento para justificar sus consumos.

En la conversación deberemos tener en cuenta que los contenidos sean adecuados a la edad, la madurez, la capacidad de comprensión, la experiencia previa, las expectativas y las circunstancias concretas de la persona que demanda la información

Si respetamos sus puntos de partida será más probable que la información sea válida. Nuestro punto de partida debe ser desde lo que ellos conocen, de su experiencia, de sus ideas erróneas (que manejan como ciertas), de lo que quieren saber y de su percepción.

Para que el resultado sea el óptimo, debemos brindar una información objetiva, veraz y realista, evitando dramatizar, amenazar o exagerar sobre los efectos de las sustancias.  No banalizar es crucial

La información deberá ser ajustada, no más de la necesaria, destacando las ventajas del no consumo frente a enfatizar los inconvenientes del mismo. Los mensajes a utilizar deberán ser cortos, sencillos y claros, que incluyan ejemplos cercanos al estilo de vida familiar. Se debe evitar mostrar situaciones extremas y poco comunes para enfatizar los riesgos del consumo. El lenguaje deberá ser sencillo, sin tecnicismos, ni palabras de argot

 

José Luis Martínez - Coordinador CTMadrid

Manejo emocional y adicción

mayo 12th, 2011

La enfermedad de la adicción se caracteriza por un déficit en el manejo emocional sano de las personas que la padecen. Éste es un proceso complejo que consiste en aprender a identificar, de entre todo lo que sentimos, las emociones primarias, las secundarias y las instrumentales.

Las emociones primarias serían las respuestas emocionales básicas ante lo que estamos viviendo en un momento dado, son adaptativas, ayudan a hacer frente a las situaciones y movilizan para la acción, nos informan sobre el medio y cómo actuar ante él

Las emociones secundarias son aquellas que se encuentran en primer lugar, ocultando lo que realmente se está sintiendo a un nivel más profundo. Una de las emociones secundarias más frecuentes en el paciente adicto, aunque no la única, es la ira, la cual puede esconder sentimientos de inferioridad, baja autoestima, vergüenza y miedo, entre otros.

La emoción secundaria surge como consecuencia del mecanismo de negación de la emoción central, considerada como dañina.

La emoción instrumental tiene una especial relevancia en el paciente adicto, éste suele utilizar este tipo de emoción con una gran soltura y maestría. Son las emociones que los seres humanos utilizamos por el efecto que éstas tendrán en los demás. Este manejo puede darse tanto a nivel consciente como inconsciente, pero permite a la persona manipular la situación para conseguir lo que quiere.

La interacción entre los tres tipos de emoción unida al mecanismo de evasión de los problemas, hace que se produzca en el paciente adicto una gran confusión de emociones, lo cual complica el reconocimiento y diferenciación del proceso emocional sano. Dicho manejo emocional resulta paradójico. Ante la intolerancia del malestar generado por las emociones, éstas se evaden, bien con consumo de sustancias psicoactivas, bien “consumiendo” cualquier otra sustancia o actividad que permita no enfrentar la situación problemática. No obstante, es precisamente ese mecanismo de evasión el que potencia la intensidad de las emociones y las hace menos soportables, por lo que se genera un círculo vicioso que complica aún más el aprendizaje de una interacción sana con el mundo emocional.

En este sentido, el trabajo con el paciente adicto consiste en ayudarle a reconocer sus emociones centrales, lo cual facilitará que estas emociones primarias no sean encubiertas por otras de carácter secundario. Si añadimos el trabajo con la honestidad, base para la recuperación de la enfermedad podemos mantener controladas las emociones instrumentales, favoreciendo así que el paciente pueda aprender a manejarse de forma emocionalmente sana, reconociendo sus puntos débiles a éste nivel, pudiendo así diferenciar cuales de sus emociones son primarias y cuales secundarias, manejando así los problemas de una forma más sencilla y menos dolorosa.

No debemos olvidar que las emociones son un mecanismo natural y adaptativo que nos permite hacernos conscientes de cómo están yendo las cosas.

 Mónica Domingo Martínez - Psicóloga CTMadrid

Apartarse de la droga

marzo 24th, 2011

drogas.jpgRecuperarse de una adicción no sólo es posible sino que también puede ser una de las travesías más reveladoras que puedan emprender una persona.

Más allá de constituir una dura lucha, puede abrir la puerta a un modo de vida mucho más gratificante que jamás podría brindar ninguna droga: es la ocasión de conocer y reclamar aspectos de uno mismo, hace tiempo abandonados a cambio de la aprobación ajena, de recobrar un significado en la propia vida, de entablar relaciones más profundas, de y aprender a respetarse y honrarse a uno mismo, tal vez por primera vez.

Pero estar en recuperación requiera algo más que limitarse a no consumir cualquier droga. Significa, ante todo, cambiar el modo en que uno vive. Implica desmantelar el armazón de cómo se ve uno a sí mismo, qué cosas cree, cómo se cuida y cómo se relaciona con otros, para crear una estructura sana en su lugar.Al elegir la vía del consumo, el individuo tomó el camino que creyó más fácil y se apartó de otro que lo obligaba a luchar con los sentimientos y problemas que él deseaba eludir.

El primer objetivo de la persona en recuperación consiste en dejar de utilizar drogas, actividades o personas para anestesiar sus sentimientos.

Marga Bestard.Psicóloga CT Madrid

Diferencias de género en la enfermedad alcohólica

marzo 10th, 2011

alcoholismo_en-_la_mujer.jpgEstudios epidemiológicos recientes señalan que el consumo de alcohol en la mujer ha aumentado en los últimos años, lo que puede hacer pensar que en un fututo próximo habrá mayor número de mujeres que padezca alcoholismo.

Un punto a destacar, es que su enfermedad presenta características diferenciales, cuyo conocimiento es importante para detectar e iniciar un tratamiento lo más precoz posible. Alguna de las diferencias encontradas según los estudios son que las mujeres inician el consumo de alcohol más tarde que los hombres, tienen más edad cuando el patrón de consumo es problemático, y consumen menos gramos de alcohol.

Además se presentan una serie de factores etiológicos adicionales que aumentan el riesgo de padecer alcoholismo, como un patrón de consumo excesivo de alcohol por parte de su pareja y la presencia de síntomas depresivos.

También hay que considerar que las consecuencias somáticas y familiares derivadas del uso de alcohol puedan tener más incidencia en el alcoholismo femenino que en el masculino. Por último, es preocupante la baja proporción de mujeres que acude a tratamiento.

Existen varias hipótesis de por qué ocurre este fenómeno, una sería la percepción socialmente negativa que siempre ha tenido el alcoholismo en la mujer, que provoca ocultación y negación o bien manifestándose a través de síntomas psicopatológicos como ansiedad y depresión, por lo que tiende a buscar otro tipo de recursos.

Otra hipótesis, no menos importante sería la escasa detección del alcoholismo por parte de salud mental, cuando se presenta asociado a otros síntomas ya dichos (ansiedad y depresión), y se considere secundario al trastorno psicopatológico.

Marga Bestard – Psicóloga CT Madrid