La enfermedad de la adicción se caracteriza por un déficit en el manejo emocional sano de las personas que la padecen. Éste es un proceso complejo que consiste en aprender a identificar, de entre todo lo que sentimos, las emociones primarias, las secundarias y las instrumentales.
Las emociones primarias serían las respuestas emocionales básicas ante lo que estamos viviendo en un momento dado, son adaptativas, ayudan a hacer frente a las situaciones y movilizan para la acción, nos informan sobre el medio y cómo actuar ante él
Las emociones secundarias son aquellas que se encuentran en primer lugar, ocultando lo que realmente se está sintiendo a un nivel más profundo. Una de las emociones secundarias más frecuentes en el paciente adicto, aunque no la única, es la ira, la cual puede esconder sentimientos de inferioridad, baja autoestima, vergüenza y miedo, entre otros.
La emoción secundaria surge como consecuencia del mecanismo de negación de la emoción central, considerada como dañina.
La emoción instrumental tiene una especial relevancia en el paciente adicto, éste suele utilizar este tipo de emoción con una gran soltura y maestría. Son las emociones que los seres humanos utilizamos por el efecto que éstas tendrán en los demás. Este manejo puede darse tanto a nivel consciente como inconsciente, pero permite a la persona manipular la situación para conseguir lo que quiere.
La interacción entre los tres tipos de emoción unida al mecanismo de evasión de los problemas, hace que se produzca en el paciente adicto una gran confusión de emociones, lo cual complica el reconocimiento y diferenciación del proceso emocional sano. Dicho manejo emocional resulta paradójico. Ante la intolerancia del malestar generado por las emociones, éstas se evaden, bien con consumo de sustancias psicoactivas, bien “consumiendo” cualquier otra sustancia o actividad que permita no enfrentar la situación problemática. No obstante, es precisamente ese mecanismo de evasión el que potencia la intensidad de las emociones y las hace menos soportables, por lo que se genera un círculo vicioso que complica aún más el aprendizaje de una interacción sana con el mundo emocional.
En este sentido, el trabajo con el paciente adicto consiste en ayudarle a reconocer sus emociones centrales, lo cual facilitará que estas emociones primarias no sean encubiertas por otras de carácter secundario. Si añadimos el trabajo con la honestidad, base para la recuperación de la enfermedad podemos mantener controladas las emociones instrumentales, favoreciendo así que el paciente pueda aprender a manejarse de forma emocionalmente sana, reconociendo sus puntos débiles a éste nivel, pudiendo así diferenciar cuales de sus emociones son primarias y cuales secundarias, manejando así los problemas de una forma más sencilla y menos dolorosa.
No debemos olvidar que las emociones son un mecanismo natural y adaptativo que nos permite hacernos conscientes de cómo están yendo las cosas.
Mónica Domingo Martínez - Psicóloga CTMadrid