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8. Noviembre 2011 por admin.
Cuando un familiar se da cuenta de que a su lado tiene a alguien con un problema de drogas se siente abrumado y empieza a idear innumerables estrategias para ayudar al adicto a salir del lío en el que se ha metido.
Sermonearle sobre los inconvenientes del consumo, tirarle cualquier tipo de resto de drogas que encuentra, discutir, reprocharle, amenazarle, castigarle, enfadarse, vigilarle y buscar la droga escondida, son ejemplos de esas tácticas que suelen utilizarse y, en vista de los nulos resultados, les desborda la impotencia. Pero, ¿por qué todo esto no funciona? ¿Por qué es un egoísta? ¿Por qué no le importo? ¿Por qué es un descarado? NO. Eso no funciona por su falta de conciencia de enfermedad.
Este factor ocasiona que la mayoría de ellos se nieguen a recibir ayuda, que hayan iniciado algún tratamiento en alguna ocasión pero lo hayan terminado dejando o, que expresen que ellos saben lo que hacen, que no necesitan ayuda porque si quieren dejarlo ellos solos pueden, pero por supuesto, esto último nunca sucede, es más, el consumo se mantiene y se intensifica si la familia o las personas más allegadas están dispuestas a aguantar más la misma situación, a costear y mantener al adicto, suministrándole casa, ropa y comida, y aportándole además dinero para sus gastos, entre los que por supuesto se incluye el consumo. Pero sólo cuando los familiares e incluso los amigos establecen un acuerdo para no ayudarlo si no empieza un tratamiento, cuando la familia decide establecer ciertas normas, demostrándole al adicto que no están dispuestos a tenerlo en casa ni a permitir o financiar sus consumos, se termina cerrando ese círculo tan perjudicial para el adicto y es cuando éste decide ingresar en una terapia.
A veces los familiares temen que si no dan al adicto lo que quiere o no lo tienen en casa se puede producir un aumento del consumo o pueden “echarlo a perder”, pero se debe de tener en cuenta que para ellos estar en la calle no supone un gran problema ya que durante sus períodos de consumo lo han hecho al menos en alguna ocasión, por lo que entonces no se trata únicamente de dejarlo en la calle, si no de no recibir ningún tipo de apoyo, ya que lo que nos ha demostrado nuestra experiencia es que normalmente los adictos, ante la falta de apoyo, reclaman ayuda. Que el familiar no haga nada por impedir que un problema gordo suceda puede ser decisivo. Una crisis, como puede ser el perder el trabajo, romper una familia, provocar un accidente o ser arrestado, puede ser el detonante de la recuperación. Permitir al adicto “tocar fondo” es lo que necesita para darse cuenta de la gravedad de su situación y de esta manera, convencerlo de su necesidad de ayuda. Como dice el refrán, “no hay mal que por bien no venga”.
Clara Molero Caracuel
Psicóloga de CT Madrid
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21. Septiembre 2011 por admin.
El mundo actual, tanto para adictos como para no adictos, está más influido por la razón que por la emoción. El estilo de vida de la sociedad occidental hace que permitirse expresar emociones se constituya en un “riesgo para la supervivencia” social y laboral de la persona, algo que nos hace “vulnerables”. No obstante, ocultar lo que se está sintiendo es un riesgo, un riesgo que acerca a la persona adicta a la recaída.
Dedicamos horas y horas en los grupos terapéuticos a que el paciente sea capaz de verbalizar cómo se está sintiendo, cuáles son las emociones que le cuesta reconocer o que, muchas veces, intenta directamente ocultar a los demás y/o así mismo. Nuestro trabajo como expertos en adicciones consiste en movilizar y facilitar en el paciente el inicio de un proceso de aprendizaje en el cual esas emociones sean tratadas con normalidad y manejadas de forma sana.
Mirémonos corporalmente para ayudarnos a reconocer cómo nos estamos sintiendo.
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19. Noviembre 2010 por admin.
Uno de los problemas más grandes en el estudio de la adicción es que, a pesar de la gran cantidad de información y estudios científicos de las últimas décadas, todavía la población general persiste en cultivar ciertos mitos acerca de la adicción, que dificultan su comprensión y tratamiento. Uno de esos mitos es de que la adicción proviene de una falla moral o de una personalidad defectuosa, y que esto es así porque el adicto es fundamentalmente “inmoral” o “malo” y merece castigo.
Es comprensible que las personas expuestas a la adicción de otros se impacten con el comportamiento totalmente ilógico del adicto, especialmente si son testigos del deterioro progresivo de un familiar o persona cercana afectivamente. Sin embargo es precisamente ese comportamiento distorsionado el que es sintomático de la enfermedad de la adicción.
Los estudios más recientes demuestran que el cerebro de las personas adictas es un cerebro que ha cambiado neuroquímicamente. Ese cambio neuroquímico se manifiesta en una alteración de los procesos cognitivos y de la conducta, especialmente de aquellos patrones de conducta asociados con la búsqueda y consumo de drogas.
Las personas que se han enfermado con adicción, tienen una química cerebral secuestrada que cada vez hace más difícil que el enfermo controle su consumo de drogas. Por otro lado este descontrol bioquímico se acompaña de una creciente defensividad psicológica, que en cierta forma va despegando al adicto de la realidad que esta viviendo, de manera selectiva. Este autoengaño produce una falta de conciencia de las posibles consecuencias que traerá el volver a consumir, minimizando así los costos personales y sociales.
Estos cambios se hacen de manera progresiva y selectiva, de modo que existen varias fases del proceso adictivo y en casi todas las personas pueden conservar su inteligencia y la habilidad para funcionar excepto en asuntos relacionados con su consumo.
De este modo, la compulsión o descontrol del consumo, se presenta cuando el adicto comienza a ingerir la sustancia y produce una pérdida de control del consumo, lo que se traduce en la ingestión de grandes cantidades de sustancias, inversión de mucho tiempo y energía en el consumo y todas las consecuencias que esto genera en las relaciones personales y las responsabilidades de la persona.
Esto no significa que los adictos no sean responsables por lo que ellos hacen, sino que su conducta adictiva es el reflejo de cambios patológicos en la bioquímica del cerebro.
Estos cambios bioquímicos son producidos por la estimulación del cerebro predispuesto genéticamente del adicto, que genera una reacción exagerada al consumo y que distorsiona el sistema neural de la recompensa y los instintos, por ende la conducta.
La situación es similar a la del paciente que sufre de diabetes mellitus, la cual se produce por un desorden en el mecanismo de acción de la insulina y de la regulación de la glucosa en el cuerpo.
Es interesante que enfermedades tales como los desordenes cardíacos, son manejados con estrategias integrales y un grado de comprensión que incluye la prevención, intervención y tratamiento, de manera que a nadie se le ocurriría si quiera pensar que, un paciente con un infarto, merece ser castigado por haber tenido tan poco cuidado con su dieta, y menos sugerir de que no merece tratamiento.
Por otro lado, condiciones tan estigmatizadas inicialmente, como el VIH y el SIDA, han sido rápidamente entendidas y aceptadas como enfermedades tratables, y el estigma ha quedado relegado a los obtusos que se empeñan en no entender la realidad en la que viven.
La adicción es una enfermedad que es tan antigua como el hombre mismo y la cantidad de personas afectadas directa o indirectamente por esta enfermedad es mayúscula.
Los estudios realizados confirman una predisposición genética, cambios neuroquímicos precisos, un curso y sintomatología predecibles y buena respuesta al tratamiento.
De los grandes pasos que se han dado en este sentido se incluyen la elaboración de los criterios diagnósticos para dependencia química del DSM-IV e CIE-10, y el establecimiento de la Medicina de la Adicción como una nueva especialidad médica en 1987 por la Asociación Americana de Medicina de la Adicción (ASAM) y la Asociación Americana de Medicina (AMA).
En el tratamiento de la adicción el concepto de enfermedad proviene de la evidencia clínica a lo largo de décadas, de la investigación científica y de la correcta práctica médica. Además resulta útil para lograr la autocomprensión que los pacientes necesitan para poder recuperarse. Ayuda a eliminar el estigma asociado y se abren las posibilidades de atención en salud para un problema que, sin duda, se ha convertido en uno de los problemas de salud pública más importantes de este siglo.
Según lo anterior, podemos definir la adicción como una enfermedad primaria, crónica con factores genéticos, psicosociales y ambientales que influencian su desarrollo y manifestaciones. La enfermedad es frecuentemente progresiva y fatal. Es caracterizada por episodios continuos o periódicos de: descontrol sobre el uso, uso a pesar de consecuencias adversas, y distorsiones del pensamiento, más notablemente, la negación.
José Luis Martínez
Coordinador CT Madrid
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27. Julio 2010 por admin.
Empezaría planteando una pregunta a todos los que leáis este articulo:¿Qué hace que una persona quiera cambiar? es más ¿Qué hace que un adicto quiera cambiar la situación de dolor en la que vive?
Sería difícil concretar qué es lo que lleva a una persona a querer generara un cambio en su vida aunque si que tenemos algunas respuestas. Una de la cosas que genera ese cambio seria la percepción de malestar subjetivo por parte de la propia persona con la situación que está viviendo, aunque a veces las personas acuden a consulta por el malestar que a otros les generan algunas de las conductas o actitudes que ellos mantienen, aunque a ellos no les genere malestar alguno. Seria este el caso de muchos adictos que vienen a consulta por el malestar que está generando a su familia su consumo de alcohol, cocaína o sus problemas de juego no siendo este capaz de identificar el malestar que siente él y expresarlo debido a la negación en el que le mantiene su enfermedad adictiva.
En el caso del adicto son normalmente los familiares los que piden ayuda por ellos, aunque cuando entran en tratamiento los familiares también se dan cuenta de que ellos también necesitan generar modificaciones en la manera que tienen de actuar para con el enfermo adicto para que así estos produzcan cambios, entre los que estaría el dejar de consumir.
El cambio implica dejar de hacer aquello a lo que ya estoy acostumbrado y que en muchas ocasiones me resulta dañino para poder probar aquello que aún no conozco o que aún conociéndolo no he experimentado. El desarrollo del ser humano lleva implícito el cambio a pesar de que este resulte doloroso ya que tras ese dolor aparecen los mayores beneficios para la persona, aquellos que van de la mano del crecimiento y madurez emocional.
Uno de las mayores dificultades con la que nos encontramos los profesionales a la hora de trabajar con la población adicta es con la resistencia al cambio.
En un principio hemos de trabajar con motivar a la persona para que pueda dejarse ayudar a raíz de que tenga la percepción de que padece una enfermedad y que vea las consecuencias que esta produce en toda su vida. Quizás sea este uno de los pasos más difíciles a atravesar por el adicto y en el que más ayuda necesite tanto por parte de la familia como de profesionales.
Una vez en tratamiento son muchas también las resistencias que el adicto al alcohol u otras sustancias pone en marcha para evitar el cambio, ya que este supone salir de su zona de comodidad y en muchas ocasiones le lleva a tener que ponerse “en contacto con” el dolor que conlleva el dejar algo a lo que uno ya estaba acostumbrado.
Solo mediante el cambio uno puede experimentar el verdadero crecimiento personal.
Como diría Frit Perls: “Hay que dejar de ser el que uno no es para ser el que uno es”
Verónica Merino Rodríguez
Psicóloga en adicciones
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10. Mayo 2010 por admin.
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Cuando el problema de la adicción se instala en una familia son altos los desajustes que se producen en ella. Es bien sabido que el consumo de uno de los miembros no solo afecta a aquel que consume, sino también a aquellos que le rodean y, por tanto, la familia es para nosotros uno de los pilares básicos con los que trabajar para reparar el daño que ésta ha sufrido y ver la dinámica que han establecido para poder sobrevivir en una situación que cuanto menos es caótica. Cuando me refiero a vivir con el consumo, no solo hablo de aquellas personas que conviven con alguien que consume sustancias(cocaína, alcohol, cannabis) sino también de aquellas que padecen adicciones psicológicas o conductuales, ya que el daño que se ocasiona en los que conviven con él son los mismos. Son muchos los sentimientos que abarcan a los familiares de los adictos. La ansiedad, el dolor, la tristeza, impotencia, culpa, etc que viven aquellos que conviven con él hace que poco a poco vayan enfermando junto con el miembro que es consumidor. Se habla de que la familia enferma, debido a que al aparecer en escena un miembro con problemas de consumo, va a tener que producir una serie de cambios para ir adaptándose a dicho problema. Dentro de estas adaptaciones que se van dando dentro de la familia, cada uno va a ir adquiriendo diferentes papeles o roles con funciones diversas frente a la persona adicta para poder mantener una estabilidad familiar, un equilibrio dentro del caos. Todos esos sentimientos que abarcan al familiar suelen permanecer guardados y no han podido ser expresados ya que entre toda la vorágine que viven no hay tiempo para poder prestar atención a lo que ellos sienten sino que toda su atención va a estar dirigida hacia el adicto, no hay tiempo para mirar nada más, ni a si mismos, ni sus relaciones de pareja o el cuidado de otros hijos, y poco a poco esta familia va enfermando. Podríamos localizar tres roles básicos que adquieren aquellas personas que conviven con una persona adicta. Serian más bien roles que lejos de contribuir a que el adicto abandone su consumo, facilitan el que permanezcan en él, aunque el familiar no sea consciente de ello. Normalmente existe la tendencia a situarse con mayor frecuencia en uno que en otros, aunque la misma persona suele pasar por los diferentes roles en diferentes momentos. Hay miembros de la familia que adoptan un papel de salvadores o rescatadores frente a la persona adicta. Lo que quieren es ayudarle y para ello intentan hacerse cargo de aquellas responsabilidades que estos van dejando a un lado en la medida que avanza su consumo. Nos encontramos entonces con familiares que se sobrecargan con responsabilidades que no les corresponden, y lejos de ayudar, sin darse cuenta, están propiciando la inmadurez, la dependencia y el consumo del adicto. Al estar tan pendiente de las responsabilidades y las necesidades del adicto, tiende a olvidarse de las suyas o no tiene energías para hacerles frente dándose en el familiar un alto grado de estrés y ansiedad que genera problemas físicos y mentales. Se llega a confundir ayudar a otro con salvarle o rescatarle y la diferencia entre ambas cosas es muy significativa. Algunos familiares se convierten en perseguidores, serian aquellos que van detrás del adicto sermoneándole y culpándole una y otra vez, tendiendo a hacerlo manteniendo discursos con la finalidad de impactarle emocionalmente para que así abandone el consumo. Lejos de esto lo que se establecen son dinámicas que generan un clima de mayor malestar en la familia sin conseguir atajar el problema y generándose mayores discusiones. Debido al dolor vivido y a ver que sus esfuerzos y estrategias para que el adicto deje de consumir son inútiles, se genera una gran impotencia en la familia que hace que algunos adopten el papel de Víctima en el que la queja está continuamente presente y que no les permite coger las riendas de la situación que viven. Entran así en una dinámica de autocompadecerse que les dificulta centrarse en aquello que pueden hacer para salir de la situación problemática. En un principio la familia acude a tratamiento con la idea de que el enfermo es solo uno, aquel miembro que consume, pero en realidad detrás del sujeto adicto se esconde siempre una familia enferma que sigue una dinámica disfuncional, dinámicas marcadas por el chantaje y la manipulación emocional, la falta de afecto o reconocimiento, la necesidad de complacer al otro,.. Todo empieza a ser algo confuso para el familiar cuando empieza a darse cuenta que su afán obsesivo por rescatar al otro, al adicto, proviene de una necesidad de salir o focalizar la atención en cualquier cosa que no sea él mismo, para no ver el dolor y el sufrimiento de su propia vida. Mientras se ocupan del enfermo adicto no se ponen en contacto con el dolor de muchos otros sucesos que están ocurriendo u ocurrieron en su vida y viven en la creencia de que todo su malestar emocional viene causado por la condición de enfermedad del adicto. La recuperación del miembro que padece adicción estaría, por tanto, basada en un proceso de recuperación familiar y en la medida que cualquier miembro del sistema inicie cambios personales se ocasionaran cambios en el resto para reajustarse y adaptarse a la nueva situación. En definitiva, la familia que convive con un miembro que padezca la enfermedad de la adicción es una familia que a su vez esta enferma y que necesita ayuda para poder sanar. Sería una familia en la que sus miembros han perdido contacto consigo mismos ya que su atención ha estado centrada en rescatar obsesivamente al adicto de la situación que vive. Es momento de empezar a mirar por esa parte tan olvidada pero tan importante como son aquellos que conviven diariamente con la persona enferma de adicción. Entendemos la familia como una parte importante del desarrollo y mantenimiento de la enfermedad adictiva y como sistema que sufre y necesita de ayuda para poder recuperar la mirada y la atención hacia si mismos y recuperarse de su propia enfermedad: la codependencia. Verónica Merino Rodríguez Psicóloga
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26. Abril 2010 por admin.
A partir de la observación en terapia con personas que padecen problemas de consumo y sus familiares se encuentra una gran dificultad del adicto de responsabilizarse de él mismo, tanto de lo que siente, piensa y hace como la dificultad del familiar para soltar esas responsabilidades que no le corresponden. En base a esto añado las siguientes ideas.
Entiendo una persona adicta como aquella que tiene dificultades para cuidar de él, para hacerse cargo de aquello que es suyo, en fin aquella persona que tiene problemas para hacerse responsables de si mismo/a, causando esta actitud comportamientos inmaduros y dependientes. El adicto como persona que depende de sustancias para no responsabilizarse de sus sentimientos y de otras personas para que se hagan cargo de lo que solo a él le corresponde.
Antes de continuar me parece de importancia señalar que algo que contribuye a entender todo esto seria el tener presente la idea de que, como ya sabemos, el consumo en la población parece comenzar cada vez a edades más tempranas, se señala que en torno a los 14 años se inician los primeros consumos, siendo estos unos momentos en los que la persona se encuentra en proceso de maduración, entendido este como un proceso en el que uno empieza a darse cuenta de que sus acciones tienen unas consecuencias y que han de responder por ellas, etapa en que se comienzan a tomar decisiones por uno mismo, a coger responsabilidades que a uno le corresponden por edad,etc.. Cuando los consumos empiezan de manera tan temprana digamos que se produce como un estancamiento en el proceso madurativo del sujeto que las consume, produciendo una paralización en lo que ha madurar se refiere. Por eso en clínica nos encontramos con personas adictas que a pesar de tener 30 años tienen las mismas dificultades que un chaval de quince o dieciséis años en cuanto a límites, adquisición de responsabilidades, aplazamiento de gratificaciones, etc…
Adquirir responsabilidades seria RESPONDER POR… aquello que yo he decidido o que he hecho, hacerse responsable es saber que a pesar de que seria más cómodo que otro cargase con cosas que son mías me corresponde a mi hacerme cargo de ello, saber que a pesar de que tenga muchas personas a mi alrededor que no tendrían problema en ocuparse de lo mío soy yo el que lo quiere hacer por que me corresponde y porque es lo que me ayudara a crecer. Hacerse responsable de uno mismo, implicaría a su vez, hacerse cargo de lo que uno siente, respetarlo, gestionarlo, dejarlo estar…y AHI reside el gran problema de la persona consumidora: HACERSE CARGO DE SUS SENTIMIENTOS.
Pero el problema de la responsabilidad no es exclusivo solo de uno sino que entran en juego más personas. En el caso de la familia del adicto son muchas las dinámicas que se mantienen que hacen que se facilite la no adquisición de responsabilidades y madurez del familiar consumidor. Madres, padres, hermanos, etc.. que se hacen cargo de las cosas que le corresponde al otro con la idea de que así están ayudándole cuando lo que sucede es todo lo contrario, facilitar que el otro siga consumiendo.
La dificultad viene cuando el familiar ha de soltar todas esas responsabilidades que ha cogido y que no le corresponden porque es entonces cuando, en muchas ocasiones, empieza a aparecer un gran sentimiento de vacío, ya que sino me ocupo del otro me tengo que ocupar de mi, me he de responsabilizar de lo mío, y eso cuesta porque precisamente es lo que llevo intentando evitar durante mucho tiempo, quedarme cara a cara con como me siento yo, con mirar mi propia realidad en relación por ejemplo a mi pareja, a la familia de la cual provengo, a mi vida, a mi misma….
En terapia se aprecia como muchos familiares, en sentido metafórico, pasan tanto tiempo mirando si los zapatos del de enfrente están limpios o no que se olvidan de mirar como están los suyos y cuando se los miran y ven que están muy sucios les duele ver que se han olvidado de ellos mismos y que han de reencontrarse con muchas heridas propias. Sería algo así como que uno se pasa la vida intentando curar las heridas del que tiene al lado sin darse cuenta de las suyas propias y ahí esta el verdadero problema. De aquí es de donde emergen las relaciones disfuncionales, aquellas que son de tipo dependiente y que dicha dependencia se da en los dos sentidos: Yo dependo de ti para poder seguir sin responsabilizarme de lo que siento, pienso y hago y , a su vez, el otro depende de mí para no ver lo que siente, piensa o hace
En tratamiento una gran parte va enfocada a darse cuenta como en la mayoría de los conflictos que surgen (ya sea entre pareja, con los padres o con cualquier otro miembro, sea de la familia o no) provienen de conflictos de responsabilidades, en las que uno coge las que le corresponden al otro y el otro aprovecha dicha situación, o uno involucra a otro para que coja sus responsabilidades solo cuando a él le interesa y luego dice sentirse invadido cuando ya no le viene bien.
Nos encaminaríamos por tanto a guiar a que la persona pueda darse cuenta y hacerse consciente de :¿Que parte de responsabilidad tiene él/ella sobre lo que le esta ocurriendo?. En todos los problemas o conflictos he de mirar mi parte y dejar de enfocarme en la del otro, ya que en la medida en que lo haga me estaré responsabilizando de mi mismo y podré contribuir a producir cambios o buscar soluciones, cosa que es prácticamente imposible si mi atención esta centrada en reprochar al otro o culparle de la situación.
Entiendo por tanto que el responsabilizarse de uno mismo seria sinónimo de crecimiento y madurez, un salir del estado infantilizado y dependiente en el que mantiene la enfermedad de la adicción para lograr al fin romper con aquello que me hace dependiente.
VERÓNICA MERINO
Psicóloga
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