El consumidor excesivo de alcohol y el alcohólico son diferentes. El primero, puede dejar de beber sin ayuda, cuando lo desee. El segundo no. Además, el consumidor excesivo no presenta negación a la hora de reconocer su manera de beber. El alcohólico siempre se justificará e intentará dar una razón convincente para que entendamos por qué bebe.
Además, en el consumidor excesivo no existe un desequilibrio químico en su cerebro antes de la ingesta de alcohol ni manifiesta autoengaño. El alcohólico siempre cree que puede controlar su consumo de alcohol aunque la evidencia esté demostrando que no es así. Intentará hacer repetidos esfuerzos para demostrar que puede controlar, pero ese control nunca llegará.
Un consumidor excesivo puede predecir de que manera va a beber y en qué cantidad. Eso nunca ocurre en el alcohólico. El alcohólico rompe rápidamente el compromiso y se ve superado por la bebida aún cuando ha hecho propósitos de control.
El alcohólico no puede estar tiempo sin consumir puesto que experimentará síndrome de abstinencia o de retirada. El consumidor excesivo nunca sufrirá este síndrome y nunca tendrá deseos imperativos de ingerir alcohol cuando deja de beber, como ocurre en el alcohólico.
Si algo caracteriza al alcohólico es su ingesta de alcohol en momentos inoportunos. La bebida le domina y no tiene control de su uso. Un consumidor excesivo, a pesar de que el alcohol pueda estar causando problemas en su vida, SIEMPRE mantiene la promesa con respecto a la cantidad que va beber. Si se compromete a beber un trago, solo beberá ese trago. Un alcohólico nunca podrá mantener su promesa sobre la cantidad que va a beber.
José Luis Martínez - Coordinador CTMadrid