Archive for mayo, 2010

El compartir que sana en la terapia con alcohólicos y otros adictos.

Viernes, mayo 28th, 2010

Una de las cosas que se trabaja con pacientes adictos al alcohol y otras sustancias es el aprender a compartir sus vivencias y  emociones con las personas que tiene en frente.

Al hablar de compartir hago referencia a la importancia que tiene para la persona hacer partícipe al otro de algo que es suyo, que llevaría implícito el abrirle al otro parte de mi mundo interno, en el cual suele permanecer encerrado el paciente adicto y es donde actúa la enfermedad.

Es bien conocido que el hablar de aquello que a uno le ha causado dolor o de aquellas vivencias que a la persona se le tornan complicadas tiene un efecto curativo en aquel que lo hace y también ayuda a aquel que lo recibe.  En la terapia con adictos el compartir lo que uno siente, piensa o hace es uno de los objetivos básicos a conseguir.

Cuando la persona adicta consigue abrir su caparazón  y mostrarse a los demás empieza a dejar al descubierto quien es él realmente, consigue bajar la intensidad y liberarse del dolor que padece y no expresa, logra así salir de su aislamiento afectivo y empieza a entrar en el proceso de sanación.

El compartir con los otros es un recurso con el que cuenta la persona en tratamiento por adicción para poder además abrir su campo de mira y recibir las vivencias de otros que le pueden ayudar a generar alivio en sí mismo o a encontrar salida allá donde no la veía.

Genera que pueda analizar mejor aquello que le está ocurriendo y poder darse cuenta de si está distorsionando la realidad o si se le está pasando por alto que es su enfermedad la que le está haciendo tomar determinadas decisiones que le ponen en un alto riesgo.

En fin, el poner en palabras lo que uno siente o piensa es una manera de sanar y a su vez de pedir ayuda, eso que tanto cuesta al adicto.

Verónica Merino Rodríguez - Psicóloga 

Alcoholismo: ¿Vicio o Enfermedad?

Martes, mayo 18th, 2010

 El Problema del alcohol acosa al hombre desde el momento en que éste lo descubrió como paliativo para los dolores de del cuerpo y del alma. Comparativamente, es sólo en época relativamente reciente que la ciencia comienza a interesarse verdaderamente en estudiar este problema con mayor profundidad. Esto se ha debido, principalmente, a que el alcoholismo ha sido, de todas las adicciones, la que mayor numero de víctimas se ah cobrado. Es, además, la enfermedad más costosa a nivel mundial.

Anteriormente, el esfuerzo por erradicar el abuso del alcohol se había limitado a tratar de controlar o limitar la producción de esta sustancia, así como también, a controlar y penalizar a la persona intoxicada. Finalmente, y tras años de experimentación y estudio, en 1956 se consideró al alcoholismo “una enfermedad” (OMS).

No fue fácil ni para profesionales en el ámbito médico ni para el público en general, aceptar esta realidad. La mayoría de las personas consideraban que esta sería la excusa perfecta para justificar el hecho de que la persona siguiera bebiendo cada vez más. Por ello, se rechazó de inmediato la idea de que el alcoholismo pudiera ser una enfermedad. No obstante, hubo otros que vieron en esta  definición una nueva vía de posibilidades…

De esta forma, surgieron una serie de modelos para el tratamiento del alcoholismo que dejaban de considerar el hecho como un vicio o una falta o flojedad de carácter para abordarlo como lo que realmente es, una enfermedad.

Así, comenzaron procesos de investigación en los que el objetivo era determinar cuáles eran las características concretas de esta enfermedad. Determinando las características sería más sencillo poder establecer un tratamiento adecuado.

En el desarrollo de los diferentes estudios se pusieron de manifiesto determinadas evidencias que venía a chocar, frontalmente, con las concepciones que hasta el momento, se tenían del alcoholismo.

El alcoholismo, considerado siempre como el problema principal de una persona, paso a ser un síntoma de un desajuste multifactorial en las diferentes esferas que componen la vida de una  persona. En la vida de esta persona, el alcohol funcionaba como un catalizador, una herramienta que permitía aliviar su malestar interno.

Consecuentemente, el objetivo principal de estos nuevos modelos de intervención en alcohólicos consistía en que la persona afectada tuviera, antes que nada, información y conciencia de la enfermedad que padecía. De ahí, podría plantearse el siguiente objetivo: cómo hacer que la persona se responsabilice de ella misma. Pero no solo en el ámbito de sus responsabilidades materiales o externas sino responsabilidad en el ámbito emocional o interno. Es, en este punto, donde radica el origen del alcoholismo. No sería aventurado definir al alcohólico como un analfabeto emocional. La incapacidad para que la persona pueda indentificar, en un primer momento, y aceptar con posterioridad, las emociones y sentimientos que experimenta en cada momento de su vida es la base, sin olvidar componentes bio-psico-sociales que también confluyen, de la aparición de la enfermedad.

Hay una frase que explica perfectamente el cambio de percepción que los nuevos modelos incorporan: “Una persona no se hace alcohólica por que consuma alcohol; consume alcohol por que es alcohólica…”

De esta forma, la condición de alcohólico no la determina el consumo de la sustancia, sino otra serie de factores que hacen que una persona llegue a abusar del alcohol para intentar dar respuesta a situaciones y acontecimientos en su vida que de manera natural, no alcanza a solucionar.

Sería como decir que se puede ser alcohólico sin beber. Y como se entiende esto?. Sencillo. El alcoholismo es una forma de afrontar la vida y el alcohol es lo que el alcohólico utiliza, en su creencia, como ayuda para poder afrontarla.

Hoy por hoy, cualquier programa de tratamiento para alcohólicos o cualquier modelo de intervención terapéutica que no considere que el alcoholismo sea una enfermedad, está condenado al fracaso.

Casualmente, los modelos de tratamiento a nivel mundial que mas efectividad están demostrando son aquellos que, además de considerar al alcohólico como un enfermo desde el aspecto físico también consideran al alcohólico como un enfermo desde el aspecto emocional.

El alcoholismo es una enfermad emocional. Una enfermedad del alma……

José Luis Martínez Hernández - Terapeuta en Adicciones

La Familia Del Adicto

Lunes, mayo 10th, 2010

 Familia y adicciones

 

Cuando  el problema de la adicción  se instala en una familia son altos los desajustes que se producen en ella. Es  bien sabido que el consumo de uno de los miembros no solo afecta a aquel que consume, sino también a aquellos que le rodean y, por tanto, la familia es para nosotros uno de los pilares básicos con los que trabajar para reparar el daño que ésta ha sufrido y ver la dinámica que han establecido para poder sobrevivir en una situación que cuanto menos es caótica.

Cuando me refiero a  vivir con el consumo, no solo hablo de aquellas personas que  conviven con alguien que consume sustancias(cocaína, alcohol, cannabis) sino también de aquellas que padecen adicciones psicológicas o conductuales, ya que el daño que se ocasiona en los que conviven con él son los mismos.

 Son muchos los sentimientos que abarcan a  los familiares de los adictos. La ansiedad, el dolor, la tristeza, impotencia, culpa, etc que viven aquellos que conviven con él hace que poco a poco vayan enfermando  junto con el  miembro que es consumidor. Se habla de que la familia enferma, debido a que al aparecer en escena un miembro con problemas de consumo, va a tener que producir una serie de cambios para ir adaptándose a dicho problema. Dentro de estas adaptaciones que se van dando dentro de la familia, cada uno va a ir adquiriendo diferentes papeles o roles con funciones diversas frente a la persona adicta para poder mantener una estabilidad familiar, un equilibrio dentro del caos.

Todos esos sentimientos que abarcan al familiar suelen permanecer guardados y no han podido ser expresados ya que entre toda la vorágine que viven no hay tiempo para poder prestar atención a lo que ellos sienten sino que toda su atención va a estar dirigida hacia el adicto, no hay tiempo para mirar nada más, ni a si mismos, ni sus relaciones de pareja o el cuidado de otros hijos, y poco a poco esta familia va enfermando.

Podríamos localizar tres roles básicos que adquieren aquellas personas que conviven con una persona adicta. Serian más bien roles que lejos de contribuir a que el adicto abandone su consumo, facilitan el que permanezcan en él, aunque el familiar no sea consciente de ello. Normalmente existe la tendencia a situarse con mayor frecuencia en uno que en otros, aunque la misma persona suele pasar por los diferentes roles en diferentes momentos.

Hay miembros de la familia que adoptan un papel de salvadores o rescatadores frente a la persona adicta. Lo que quieren es ayudarle  y para ello intentan hacerse cargo de aquellas responsabilidades que estos van dejando a un lado en la medida que avanza su consumo. Nos encontramos entonces con familiares que se sobrecargan con responsabilidades que no les corresponden, y lejos de ayudar, sin darse cuenta, están  propiciando  la inmadurez, la dependencia y el consumo del adicto.

Al estar tan pendiente de las responsabilidades y las necesidades del adicto, tiende a olvidarse de las suyas o no tiene energías para hacerles frente dándose en el familiar un alto grado de estrés y ansiedad que genera problemas físicos y mentales.

Se llega a confundir ayudar a otro con salvarle o rescatarle y la diferencia entre ambas cosas es muy significativa.

Algunos familiares se convierten en perseguidores, serian aquellos que van detrás del adicto sermoneándole y culpándole una y otra vez, tendiendo a hacerlo manteniendo discursos con la finalidad de impactarle emocionalmente para que así abandone el consumo. Lejos de esto lo que se establecen son dinámicas que generan un clima de mayor malestar en la familia sin conseguir atajar el problema y generándose mayores discusiones.

Debido al dolor vivido y a ver que sus esfuerzos y estrategias para que el adicto deje de consumir son inútiles, se genera una gran impotencia en la familia que hace que algunos adopten el papel de Víctima en el que la queja está continuamente presente y que no les permite coger las riendas de la situación que viven.

Entran así en una dinámica de autocompadecerse que les dificulta centrarse en aquello que pueden hacer para salir de la situación problemática.

En un principio la familia acude a tratamiento con la idea de que el enfermo es solo uno, aquel miembro que consume, pero en realidad detrás del sujeto adicto se esconde siempre una familia enferma que sigue una dinámica disfuncional, dinámicas marcadas por el chantaje y la manipulación emocional, la falta de afecto o reconocimiento, la necesidad de complacer al otro,..

Todo empieza a ser algo confuso para el familiar cuando empieza  a darse cuenta que su afán obsesivo por rescatar al otro, al adicto, proviene de una necesidad de salir o focalizar la atención en cualquier cosa que no sea él mismo, para no ver el dolor y el sufrimiento de su propia vida. Mientras se ocupan del enfermo adicto no se ponen en contacto con el dolor de muchos otros sucesos que están ocurriendo u ocurrieron en su vida y viven en la creencia de que todo su malestar emocional viene causado por la condición de enfermedad del adicto.

La recuperación del miembro que padece adicción estaría, por tanto,  basada en un proceso de recuperación familiar y en la medida que cualquier miembro del sistema inicie cambios personales se ocasionaran cambios en el resto para reajustarse y adaptarse a la nueva situación.

En definitiva, la familia que convive con un miembro que padezca la enfermedad de la adicción es una familia que a su vez esta enferma y que necesita ayuda para poder sanar. Sería una familia en la que sus miembros han perdido contacto consigo mismos ya que su atención ha estado centrada en rescatar obsesivamente al adicto de la situación que vive.

Es momento de empezar a mirar por esa parte tan olvidada pero tan importante como son aquellos que conviven diariamente con la persona enferma de adicción. Entendemos  la familia como una parte importante  del desarrollo y mantenimiento de la enfermedad adictiva y como sistema que sufre y necesita de ayuda para poder recuperar la mirada y la atención hacia si mismos y recuperarse de su propia enfermedad: la codependencia.

Equipo CTMADRID