Prepararse para la Navidad en la enfermedad de la adicción

enero 10th, 2013

Llega la época navideña. Las compras, las cenas, los encuentros con amigos o compañeros, familiares, se vuelven más frecuentes. Comienza una actividad frenética en la que toda persona se acelera, incluidas, las personas con adicción.

“Me encuentro raro”, “Siento que estoy más acelerado”, “Me noto agitada y no sé por qué puede ser, estoy  inquieta”, son frases que los adictos y adictas que atendemos suelen decir cada año por estas fechas. Algunos de ellos no terminan de entender por qué el simple hecho de estar en este momento del año puede ser un riesgo para ellos.

En nuestros grupos explicamos que los recuerdos de consumo se incrementan en estas fechas, pues es una época en la que el consumo se dispara, incluso para personas que no sufren de esta enfermedad. Se tiene presente también el recuerdo de cómo se ha pasado otros años antes de tomar la decisión de dejar de consumir, del sufrimiento por no poder parar y las consecuencias de ello.

Es por tanto, un momento delicado a nivel emocional, pues aparte de lo mencionado más arriba, se producen encuentros familiares en los que pueden surgir roces, revivir situaciones en las que ha habido conflictos con esos familiares o tener, por ejemplo, más presente que la relación que se tiene con aquellas personas no es la que realmente querrían.

La recomendación en navidad es intentar seguir la rutina del resto del año, reduciendo así, en la medida de lo posible, la agitación emocional propia del momento y recurrir a las herramientas que se van adquiriendo para seguir en recuperación, apoyarse en compañeros, grupos de autoayuda, revisar especialmente su estado emocional y si es necesario pedir más ayuda.

Mónica Domingo Martínez – Psicóloga de CTMadrid

Dejar de consumir: el duelo por la pérdida de un estilo de vida

noviembre 27th, 2012

El duelo, según J. W. Worden:

- Consiste en un proceso en el que se abordan unas tareas por realizar.

- La persona está activamente implicada, lo que significa que no vive de forma pasiva una serie de fases.

- Es un proceso dinámico, que requiere de una adaptación constante.

Teniendo en cuenta esta definición, se podría decir que el proceso adecuado de recuperación de las adicciones es equiparable al proceso sano de elaboración del duelo.

Cuando una persona toma la decisión de dejar de consumir se prepara para una pérdida importante en su estilo de vida. Se dejan atrás momentos vividos de una gran dureza. No obstante, ese estilo de vida, aunque evidentemente dañino, tanto para la persona como para su entorno, no deja de ser la manera en la que la persona ha estado viviendo durante mucho tiempo, forma parte de ella.

¿Qué ocurre cuando una persona pierde una parte de su identidad?

Al igual que cuando un ser querido desaparece de nuestro lado es aspecto primordial trabajar sobre las tareas de duelo, el adicto debe trabajar y elaborar la pérdida de esa parte de sí que le ha acompañado, en muchos casos, la mayor parte de su vida. Forma parte también del proceso, aceptar que habrá personas, lugares o actividades que ya no se podrán realizar, al menos, de la misma forma.

Mónica Domingo Martínez – Psicóloga CTMadrid

 

Uso, abuso y dependencia

octubre 31st, 2012

¿Cómo podemos saber si nuestra forma de consumir empieza a ser un problema?

Diferenciamos tres tipos de consumo en cuanto a la forma del mismo.

- Hablamos de uso cuando la persona toma determinada sustancia pero el consumo de la misma no produce consecuencias negativas para el individuo o su entorno.

- El abuso se da cuando la forma en la que se usa la sustancia empieza a generar problemas tanto personales, como familiares o sociales y la persona sigue tomando a pesar de todo.

- La dependencia se produce cuando el consumo se convierte en el centro de la vida de la persona. Normalmente se dejan de atender el resto de responsabilidades, lo que conlleva mayores conflictos.

Se hace importante señalar la delgada línea que existe entre abuso y dependencia, principalmente en los momentos de inicio, cuando los problemas derivados empiezan a instalarse en la vida del individuo como norma.

La mejor forma de saber si lo que hacemos puede suponer un problema es profundizando en ello, valorando en qué situación estamos y teniendo en cuenta que pedir ayuda ante algo que nos preocupa y desconocemos es positivo.

Mónica Domingo Martínez – Psicóloga CTMadrid

El miedo de los familiares a una recaída

octubre 15th, 2012

Dentro del proceso de tratamiento de la adicción el paciente va a atravesar por momentos en los que sentirá un intenso malestar, propio de lo que se trabaja con él a nivel emocional. Al inicio de la recuperación sentirá deseos de consumir y más de una vez a lo largo de su vida le vendrán pensamientos de consumo.

¿Cómo puede vivir esto el familiar? Debemos diferenciar entre la preocupación permanente movida por el miedo a volver a revivir el pasado y el miedo a una recaída cuando se observan conductas que el paciente realizaba cuando estaba en consumo.

La primera situación debe ser trabajada por el familiar con el fin de procesar cómo se siente y cómo se ha sentido tiempo atrás.

En el segundo caso es fundamental que se hable abiertamente de lo que se está notando a nivel conductual en el adicto, cuantos más secretos se guarden, más difícil será atajar la enfermedad.

Por otra parte, dado que los pensamientos de consumo son algo normal en el proceso de recuperación, aceptar que nuestro familiar los tenga y pueda hablar de ellos con naturalidad, significa que estamos con él en el proceso real de su cambio de estilo de vida.

¿Qué podemos hacer con el miedo a que nuestro familiar recaiga?

Lo más conveniente en este sentido es reconocer ante el paciente nuestro miedo, ser honestos y no intentar transmitirle una falsa sensación de tranquilidad. Lo único que se consigue con esto es potenciar la deshonestidad como estilo de vida y generar desconfianza en la relación.

Muchas veces es difícil para nosotros mismos aceptar el miedo que tenemos. No obstante, debemos recordar que en el terreno emocional no hay soluciones rápidas, solo podemos dejarnos sentir aquello que llevamos dentro. Será el propio cambio del paciente el que con el tiempo nos de la tranquilidad de que está haciendo las cosas de otra manera.

Mónica Domingo Martínez – Psicóloga CTMadrid

Factores que influyen en el inicio del consumo de alcohol u otras drogas

octubre 1st, 2012

La adicción se desarrolla a partir de actos que en un primer momento son puntuales y esporádicos, pero que poco a poco se van tornando más importantes en la vida de la persona y acaban por convertirse en hábitos. Es a partir de ahí donde  se puede cruzar la línea de la adicción.

Aquellos  factores  que pueden influir  en que una persona se inicie en el uso / abuso de drogas y alcohol, se les denomina, factores de riesgo.

El concepto de “factores de riesgo” se refiere a un conjunto de variables biológicas, psicológicas y sociales que se dan antes de que se inicie el consumo de drogas y alcohol y que aumentan la probabilidad de que la persona se habitúe al consumo y pueda acabar teniendo problemas con dichas sustancias, desarrollando adicción.

Entre ellos, destacamos los factores de riesgo entorno a la propia sustancia, factores de riesgo individuales y factores de riesgo en torno a la familia.

Factores de riesgo en cuanto a la droga o alcohol

  • Efecto reforzante a corto plazo de la propia sustancia
  • Capacidad adictiva de la sustancia a nivel psicológico/biológico
  • Facilidad de disponer de dicha droga

Factores de riesgo individual o personal

  • Baja autoestima
  • Baja asertividad
  • Elevada búsqueda de sensaciones
  • Escasa tolerancia a la frustración
  • Elevada necesidad de aprobación social
  • Dificultad para el manejo de estados emocionales negativos
  • Insatisfacción con el empleo del tiempo libre
  • Falta de habilidades sociales
  • Impulsividad

Factores relacionados con el ambiente familiar

  • Estructura familiar disfuncional
  • Falta de cohesión familiar
  • Clima afectivo inadecuado
  • Permisividad, indiferencia hacia el consumo de drogas
  • Consumo de drogas por parte de familiares

Conocer los factores de riesgo de una enfermedad nos permite, por un lado,  indicar qué población tiene un mayor riesgo de desarrollarla, y por otro, poder determinar qué acciones en torno a la prevención e intervención son las más adecuadas.

Psicóloga CT Madrid – Marga Bestard

Mentira y Adicción

septiembre 20th, 2012

Es muy común entre la gente cercana al adicto que describan a éste como un mentiroso, pero, ¿realmente el adicto tiene la intención directa de mentir?

El sujeto empieza a mentir antes de comentar su etapa adictiva porque en ocasiones se ve obligado a mentir para explicar alguna conducta mal vista socialmente. Estas primeras mentiras requieren de cierto esfuerzo, el sujeto sufre por haber sido deshonesto, se siente culpable, pero conforme sigue mintiendo, cada vez le cuesta menos mentir porque va desapareciendo la culpa ya que se va autocensurando menos, hasta que llega un momento que no distingue la verdad de la mentira, diciendo con naturalidad aquello que más le conviene, por lo que termina autoengañándose, prefiriendo decir lo que el otro quiere oír antes que una verdad que pueda implicarle incomodidad. Así, el adicto va alterando su personalidad, convirtiéndose en alguien deshonesto y manipulador tanto de los demás como de sí mismo, y tras tantas mentiras, se vuelve arisco y suspicaz.

Esta desconfianza le impide aceptar algo de los demás por lo que tampoco admite ésta misma,  terminando por ser una víctima de sí mismo sin un mínimo autoconocimiento, apartándose de la realidad, viéndola como él quiere que sea, en lugar de cómo realmente es.

Su vida está regida por el autoengaño, de manera que cuando las personas allegadas le tachan de mentiroso y él no tolera esta acusación cuando es tan obvia la mentira, no es que el adicto esté actuando con cinismo, sino que su mente está tan alterada por el autoengaño, que aunque mienta, actúa guiado más por una respuesta automática que por una intención directa de mentir, con lo cual, no son vulgares mentirosos, sino que más bien son “enfermos de la mentira”.

En principio, todo el mundo se autoengaña en mayor o menor medida, pero un adicto no se puede permitir ese autoengaño si quiere recuperarse, ya que de lo contrario, corre el riesgo de recaer sin ni siquiera darse cuenta.  Por este motivo es importante que pidan consejo y no se fíen de su percepción, ya que puede que su percepción esté impregnada de autoengaño, llevándole a funcionar de la misma forma que antes, lo que finalmente podría terminar en consumo.

Clara Molero Caracuel – Psicóloga de CT Madrid

Reglas de la familia con un miembro adicto

julio 30th, 2012

En todo sistema familiar existen reglas de conducta, expresas o inferidas, que determinan los comportamientos de los miembros y mantienen el equilibrio. Estas reglas nos dan información acerca de las prioridades y los valores familiares, dictan el modo de comunicarse entre ellos, los temas prohibidos y los permitidos, etc.

En el caso de la familia de un adicto, estas reglas toman características a imagen y semejanza del miembro con adicción u alcoholismo. Así, las prioridades de la enfermedad, rigen también en la familia. Y principalmente son: mantener el acceso a la droga, y evitar los conflictos y el dolor.

Las tres reglas básicas en la familia con un miembro adicto y que facilitan que la enfermedad siga su curso, son el no hablar de lo que está ocurriendo, aunque ya sea una total evidencia,  reprimir sentimientos para intentar sufrir menos y por último, tratar de ser autosuficiente y no contar con nadie, no confiar el uno en el otro y mantenerse aislados.

Si esta situación no se corrige, con el tiempo cada miembro de la familia se va aislando cada vez más de los otros, la falta de confianza entre todos aumenta, y el adicto u alcohólico puede seguir su adicción sin miedo a que alguien le aparte de la droga. Si no se busca ayuda con profesionales del ámbito de la adicción, toda la familia empeora su salud psicológica, convirtiéndose en un enfermo más.

 Marga Bestard  - Psicóloga CT Madrid

Relaciones adictivas

julio 9th, 2012

El principio de reciprocidad es el que impera en las relaciones sanas entre adultos. Es decir, para que una relación sea sana, las dos personas deben sentirse como iguales, dar y recibir en la misma proporción. Cuando una persona “da” de forma constante, esa persona está dejando una deuda en aquel que recibe y no puede devolverlo. Sin darse cuenta, la persona generosa, en exceso, se pone en una posición superior dejando a la otra persona en un estado de inferioridad.

En el mundo de las adicciones, las relaciones que se establecen carecen de esta reciprocidad. Normalmente, cada una de las partes se nutre, de forma inconsciente, con sus inseguridades, manteniendo y reforzando ese vínculo insano que permite la evasión de los problemas cuya solución se encuentra buscando en el interior de cada uno.

Ante las propias inseguridades de la vida, las relaciones de dependencia facilitan la búsqueda en el exterior de una tranquilidad personal y emocional. Con el equilibrio ambas personas, aunque se quejen y quieran cambiar algunas cosas, permanecen en un estado de tranquilidad falsa, pero sostenible. En el momento en el que esa relación cambia por alguna de las partes, ocurre algo externo que modifica ese falso equilibrio, la realidad ficticia que vivían esas personas se empieza a desquebrajar, es el momento en el que se entra en pánico. La persona que no consume, se aferrará a las costumbres que tenía en la relación con el adicto. Este, a su vez, buscará la forma de restablecer ese equilibrio, aferrándose a drogas psicoactivas, actividades, relaciones, entre otras.

Mónica Domingo Martínez
Psicóloga CTMadrid

Mi hijo es alcohólico ¡no sé qué hacer!

junio 4th, 2012

“Desde que nací mi principal objetivo fue vivir tranquila, encontrar la felicidad. La relación con mis padres tenía sus más y sus menos, pero salí adelante. Viví muchos miedos, inseguridades y envidias hasta que me enamoré. Nunca fui capaz de hablar con nadie de cómo me sentía, pero ya no hacía falta, no estaba sola. Desde ese momento me dediqué a mi pareja, lo único importante éramos los dos, los problemas parecían desaparecer a su lado, aunque esa felicidad no duró para siempre. Empecé a darme cuenta de que él cada vez estaba más distante, apenas hablábamos y cuando lo hacíamos era discutiendo, volvía a sentirme como en aquellos años de juventud en los que nada tenía sentido para mí, ¿sola otra vez?, necesitaba encontrar una nueva ilusión, busqué quedarme embarazada y nació mi niño. Me seguía sintiendo igual de sola al lado de mi pareja, pero mi hijo era ahora el centro de mi mundo, el que siempre estaría a mi lado. Los profesores me llamaban la atención sobre su comportamiento, a veces no se portaba todo lo bien que debía, pero yo siempre le quité importancia, intentaba que entendieran su situación, eran “cosas de críos”. A medida que fue creciendo, empezó a faltar a clase, dejó de estudiar, seguía con sus travesuras, varias veces tuve que ir a buscarle a comisaría, pero eran cosas de la juventud. Nunca mantuvo un trabajo más de 6 meses. Alguna vez noté que venía bebido a casa, incluso algún fin de semana desaparecía. El otro día mi mundo se derrumbó, me confesó que lleva años bebiendo y que hace tiempo que se ha dado cuenta de que no puede parar. Tiene un problema muy grave con el alcohol, ¡no sé qué hacer!”

Ante este tipo de situación la familia puede reaccionar de varias formas. A veces se produce un miedo paralizante que puede llegar a aplazar la decisión de buscar ayuda profesional. Se minimiza el problema tratando de convencerse de que “no es tan grave”, “es solo una etapa”, “se ha pasado un poco bebiendo pero pronto volverá a su vida normal”.

En otras ocasiones el descubrimiento del consumo se considera como una autentica tragedia, se culpabiliza miembro consumidor y rápidamente se le ingresa para “que me lo curen”.

Son dos ejemplos de actuación de la familia que no ayudan a resolver el problema.

El consumo abusivo de drogas se relaciona con dificultades de la vida cotidiana, situaciones que el adicto no sabe resolver y que le generan emociones que no es capaz de tolerar. El papel de la familia en el tratamiento es fundamental, ésta puede ayudar en la recuperación o suponer un gran hándicap para la persona que quiere recuperarse.

¿Qué deben hacer los familiares?

- Buscar la ayuda de profesionales con experiencia en adicciones.

- Implicarse de forma activa en la recuperación.

- Tener claro que sólo dejar de consumir, no significa que la persona ya esté recuperada. Es necesario otro tipo de cambio para no volver a ello cuando surjan nuevas dificultades.

- Revisar la parte de responsabilidad que tiene cada  uno, mirar hacia dentro en lugar de buscar culpables fuera. Es frecuente escuchar… “la culpa la tienen sus amigos”, “les por la sociedad en la que vivimos”. La conducta de los familiares puede haber influido o no en el origen del consumo abusivo, pero interviene claramente en su mantenimiento.

- Ser honestos y hablar claro. De las vivencias que han tenido a lo lardo del periodo de  consumo activo, de las sospechas que pueden tener sobre cómo se está comportando en recuperación, etc.

- El adicto es adulto y hay que tratarle como tal. Se le deben poner límites y dar las responsabilidades que le corresponden.

Mónica Domingo Martínez – Psicóloga CTMadrid

Confianza en uno mismo y adicción

mayo 23rd, 2012

Todos dudamos, todos tenemos miedo y todos nos sentimos en mayor o menor medida inseguros. En la mayoría de las ocasiones pensamos que esas inseguridades son exclusivas de nosotros y que el resto del mundo tiene la suficiente confianza en sí mismo como para no sentirlas, pero esto no es así. Las dudas, los miedos y la inseguridad son características normales del ser humano.

Ante las diferentes situaciones que afrontamos en nuestro día a día se producen en nuestro cuerpo múltiples cambios hormonales y metabólicos que mantienen la homeostasis fisiológica del mismo. Reacciones como aceleración cardiaca, sudores, boca seca, opresión en el estómago o en el pecho, son respuestas fisiológicas ante el estrés. Es cómo el cuerpo se manifiesta para intentar solucionar una situación de la mejor forma posible. Estas reacciones se quedan grabadas en nuestra memoria y reaparecen ante situaciones parecidas. Con el paso del tiempo el fenómeno se vuelve automático, reflejo e inconsciente. Cuando estos mecanismos  se producen de forma frecuente y son integrados por la persona como parte de su personalidad es cuando podemos hablar de falta de confianza en uno mismo.

¿Son los adictos diferentes en ese sentido? El adicto tiene los mismos miedos, las mismas dudas y la misma inseguridad que cualquiera. Una diferencia está en el pensamiento irracional de creer que todas esas emociones son tan grandes y temibles que no pueden ser resueltas con éxito. A nivel fisiológico, podemos encontrar un daño en el sistema de neurotransmisores  propio del cerebro adicto y potenciado por el consumo que  incrementa la dificultad a la hora de afrontar, con el estrés normal y con confianza,  las vivencias diarias de la persona que padece de adicción.

Cuando la persona en recuperación lleva meses en abstinencia y es responsable y honesto en los cambios que dicha recuperación conlleva, puede recoger los frutos de un trabajo duro y reforzar su confianza. Su esquema de pensamiento y creencias se modifican y es posible empezar a pensar  que algo sí se puede hacer por conseguir sus objetivos y aunque el esfuerzo es grande cabe la posibilidad de que merezca la pena. El tiempo de abstinencia y la psicoterapia tanto de grupo como individual favorece la regeneración cerebral, proceso que también ayuda a mejorar la confianza en sí mismo del paciente adicto.

Mónica Domingo Martínez

Psicóloga CTMadrid